Se ha roto el espejo de mis soledades
trozos de cristal de vida,
rojo púrpura de horizontes sin calma,
caricias, llantos y besos
que por el suelo yacen
en desordenada anarquía.
Los recojo con manos ensangrentadas
intentando recomponer de nuevo la vida
poner orden en este desconcierto,
hacer un cuadro con ella,
que cambie la vida y la belleza,
ruda pero a la vez bella,
como rama de almendro florido.
Pero el retrato sigue incompleto
con manchas de oscuras dispersas,
venas con sangre sin agua,
porque he olvidado recoger los trozos
de la vida que se hunde en el estiércol.
Gerardo Rívas.




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