Hoy te he buscado y leído,
he descifrado tus miles de mensajes encapsulados,
quería aprender y solo me he llevado hartazgo,
¡sí ya lo sé!, no me lo repitas más,
sé que soy un ignorante de la palabra,
que conozco una mínima parte del mundo,
aunque para serte sincero, a estas alturas de mi vida
si no es para reivindicar, todo lo demás me da lo mismo.
Hoy te he mirado con curiosidad, incluso con empeño,
pero me has decepcionado nuevamente,
por tus venas solo corren noticias y protestas
que no llevan a ninguna parte, reales eso sí,
pero vacías de soluciones y de objetivos,
mezclando denuncias con dimes y diretes,
nada de hechos, de solidaridad, de compañerismo, de empatía
y si me lo permites, te diré que sin una pizca de amor.
Vives y te mantienes de tu propio morbo,
narras vidas ajenas y propias,
y pones en tus ramas caídas la manzana
de la dulce y clandestina curiosidad,
mezclada con el peligroso sabor de la traición.
Me gusta tener el síndrome de Diógenes
en lo referente al conocimiento y su aprendizaje,
pero quiero por elección propia,
vivir y pernoctar envuelto en papeles y cartones
en los portales vacíos y obscuros de la calle,
considerándome en todo momento un paria
de las llamadas "redes sociales",
a las que por cierto, aún pertenezco.