
Hoy el cielo está poblado de nubes grises cargadas de agua,
la húmeda brisa refresca mi rostro,
me gusta este color gris del día, con su frescura y humedad,
sobre un acantilado contemplo el mar, en su danza constante,
cierro los ojos y me gustaría en ese momento ser velero para surcar sus frías aguas, ser un cormorán para volar sobre él y acariciar las crestas de las olas.
Un soplo inesperado del mar con su frescor, me devuelve de nuevo a mi paisaje amado y hace que mi amor a la vida se acreciente,
quiero vivir, y vivir siempre en ese ambiente gris perfumado con olor a mar.
Soy de un pueblo pequeño, pero generoso y de gran corazón,
a sus pies se extiende un valle con un solo árbol, y el suelo está alfombrado con un mullido y acogedor césped, el color verde gira en torno a mi describiendo graciosas cabriolas que embriaga mi espíritu.
Pienso en mis antepasados surcando ese mar embravecido y frio,
dejando atrás con tristeza su acogedor hogar, en un día gris como este,
intrépidos marineros, conquistadores, surcadores de sueños,
valientes soldados, dueños del mundo, olvidados por los suyos,
y temidos por todos.
Este día gris anima mi alma, es como si me deparara una grata sorpresa,
quiero tumbarme sobre la hierba, debajo del único árbol que hay, contemplar como las nubes pasan con suavidad con sus graciosas formas, descargando sobre mi rostro pequeñas gotas de agua para lavar mis tristezas.
Me gusta el frescor de estos días grises, llenos de nubes,
cuando el cielo llora lágrimas dulces que al caer en la playa se tornan saladas transformándose el mar en cielo, escribiendo en su descenso su propia sinfonía de amor.
Amor a la vida, amor a ti, quiero vivir en mi casita del pueblo junto al acantilado, escuchando la canción del mar, quiero morir en tu bahía salada como un barquito varado.
Gerardo Rivas.