Pienso en un mañana que tal vez nunca llegue,
en noches de magnolias de su olor despojadas,
en la desesperación del padre al ver que nada se mueve,
y en payasos de risas de rojo pintadas.
Veo rostros impasibles que en nada creen,
ojos negros de interrogantes inciertas,
bocas suplicantes de pan y trabajo,
heridas sangrantes en el cuerpo abiertas.
Reales cabezas de laureles coronadas,
barrigas saciadas de su propia inmundicia,
y seres serviles ávidos de poder y codicia,
campean junto a la desesperanza,
por este solar llamado según ellos,
su amada patria.
su amada patria.
Gerardo Rivas.
