Hoy me he quedado esperándote,
como un trozo de cerebro yermo y sediento,
anhelando una chispa de agua fresca.
No has venido a tocar mi puerta,
como siempre has hecho,
y pienso que te has perdido
por el ocaso de mi pensamiento.
A la solitaria carretera de mi mente
salgo en tu busca,
y solo encuentro hitos
que marcan mi mediocridad y el hastío,
pero no estoy cansado, ni busco el aroma de tus palabras,
recorro kilómetros en acritud y silencio,
con mi mochila repleta de miseria y autodesprecio.
Tras meses de obscuro caminar
por fin me he encontrado,
sentado en una sucia escalera
prendido y prostituido por otra mente,
sin poder gritar siquiera, que no me perteneces.
Sabes que solo fuiste mi idea,
la inspiración que mi cerebro invoca,
cuando las dos neuronas que poseo
y que describen órbitas elípticas,
se rozan cada dos meses en su circular
y entonces, y solo entonces,
surge la magia de mi abandono.
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