
Extraño banquete al que me invitas
tú de túnica negra, yo de blanco níveo,
con familiares rostros tres comensales esperan,
infancia, adolescencia y madurez
¿así los llamas?
Con tu mirada, a observar a los tres me incitas
y con tu voz cansada y yerma,
una pregunta expones,
y sin tener que darte razones
ante la cuestión formulada,
la respuesta no hallarás,
ya que mi conciencia responde
sólo a la voz de mi amada.
Gerardo Rivas
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